De la exclusión laboral a la integración: el potencial de las plataformas digitales para mujeres en movilidad

Catalina, una mujer migrante nicaragüense de 52 años, tardó casi nueve años en acceder a un empleo formal en México. Su historia, documentada por la Organización Internacional para las Migraciones, ilustra una realidad frecuente: contar con experiencia y disposición para trabajar no garantiza la inserción laboral cuando el entorno institucional y el mercado de trabajo imponen barreras difíciles de sortear (OIM, 2025).

Lejos de ser una excepción, su trayectoria refleja un fenómeno más amplio. La evidencia sugiere que la exclusión laboral de mujeres en movilidad —migrantes, solicitantes de asilo o refugiadas— no responde a carencias individuales, sino a la interacción de múltiples barreras que operan de manera simultánea. Desde esta perspectiva, el análisis se desplaza de las capacidades personales hacia las condiciones estructurales que configuran sus oportunidades reales de inserción laboral.

Un problema estructural: cuando las barreras se acumulan

En el caso de América Latina, estas barreras se acumulan y refuerzan entre sí. El acceso al empleo formal está condicionado por requisitos administrativos que, en la práctica, pueden ser difíciles de cumplir. La obtención de documentos como CURP, RFC o número de seguridad social suele depender de contar previamente con una oferta laboral, lo que genera un circuito que limita la formalización y empuja a la informalidad (Secretaría del Trabajo y Previsión Social, 2024; Instituto para las Mujeres en la Migración, 2024).

A ello se suma el desaprovechamiento del capital humano. Muchas mujeres en movilidad cuentan con experiencia y formación previa, pero enfrentan procesos de revalidación costosos, requisitos documentales restrictivos y trayectorias educativas interrumpidas. Como resultado, su inserción laboral tiende a darse en ocupaciones por debajo de sus capacidades, reproduciendo dinámicas de “desperdicio de talento” que afectan tanto sus trayectorias individuales como la eficiencia del mercado laboral (UNESCO IESALC, 2024; Lozano & Gandini, 2010).

Otro elemento central es la carga de cuidados. En ausencia de redes familiares y de sistemas de cuidado accesibles, las mujeres enfrentan restricciones significativas para participar en el mercado laboral en condiciones de igualdad. Esto se traduce en trayectorias laborales caracterizadas por empleos de baja intensidad horaria, menor remuneración y escasas oportunidades de movilidad, lo que la literatura ha denominado como un “suelo pegajoso” (BID, 2025; OIM & ONU Mujeres, 2023).

Estas dinámicas se ven además atravesadas por procesos de discriminación e interseccionalidad. La interacción entre género, origen étnico y estatus migratorio contribuye a la reproducción de desigualdades en el mercado laboral, reflejadas en brechas salariales y concentración en sectores de menor remuneración (Ávila & Jáuregui, 2022; AWID, s. f.).

Finalmente, la vulnerabilidad institucional refuerza estas condiciones. El temor a denunciar abusos, la limitada protección frente a prácticas laborales irregulares y el uso del estatus migratorio como mecanismo de presión afectan tanto el acceso al empleo como la posibilidad de sostenerlo en condiciones dignas (CEDAW, 2025; IMUMI, 2024).

En conjunto, estos factores muestran que la exclusión laboral no es el resultado de barreras aisladas, sino de un sistema de restricciones que condiciona de manera estructural las trayectorias laborales de las mujeres en movilidad.

Un desafío compartido

Dado su carácter estructural, el problema no puede ser abordado por un solo actor. En contextos donde las capacidades institucionales son limitadas, la respuesta ha involucrado a una diversidad de actores —organizaciones de la sociedad civil, sector privado, plataformas tecnológicas y redes comunitarias— que contribuyen desde distintos niveles a la reducción de barreras y a la generación de oportunidades de integración laboral.

¿Qué está funcionando? Evidencia desde políticas públicas, programas y plataformas

El análisis comparado muestra que las intervenciones más efectivas no actúan de manera aislada, sino que combinan distintos instrumentos. Los sistemas de certificación de competencias, como el modelo chileno de ChileValora, han buscado reducir el desajuste entre habilidades y empleo, aunque su impacto depende de su articulación con mecanismos de intermediación laboral (ChileValora, 2023).

Las plataformas digitales también han demostrado su potencial para reducir barreras de acceso a información. Experiencias como Integreat facilitan el acceso a información localizada y multilingüe, mientras que iniciativas como Tent Partnership for Refugees fortalecen la vinculación con el sector privado y la generación de oportunidades laborales (Integreat, s. f.; Tent Partnership for Refugees, s. f.).

Asimismo, plataformas como Acceso Latino y Refugee Talent Hub contribuyen a acercar a las personas migrantes a oportunidades de capacitación y empleo, y a visibilizar perfiles profesionales que suelen permanecer subutilizados. Por su parte, programas como Mothers 4 Mothers incorporan servicios de cuidado dentro de las estrategias de empleabilidad, mientras que organizaciones como Casa Refugiados ofrecen acompañamiento integral que combina inserción laboral con apoyo psicosocial (European Social Network, s. f.; Casa Refugiados, s. f.).

Estas experiencias coinciden en un punto: las intervenciones más efectivas son aquellas que abordan múltiples dimensiones del problema de manera articulada.

Hacia un modelo integral para enfrentar la exclusión

La evidencia no apunta a una ausencia de programas, sino a su fragmentación. Los instrumentos existentes —regulatorios, laborales y sociales— operan con frecuencia de manera desarticulada, lo que limita su alcance y efectividad.

Esto se refleja en resultados persistentes. En algunos contextos, la inserción laboral de la población migrante ocurre predominantemente en condiciones de informalidad. Por ejemplo, en Colombia, más del 75% de la población migrante se encuentra en empleo informal, lo que evidencia las restricciones estructurales que persisten en los procesos de integración laboral (Fundación ANDI & Fundación Santo Domingo, 2025).

Superar estas limitaciones requiere avanzar hacia modelos que integren distintas dimensiones del problema: el acceso legal y administrativo, la inserción laboral efectiva, el soporte estructural —particularmente en materia de cuidados— y la transformación de las condiciones sociales que reproducen la exclusión.

El potencial de las herramientas digitales como articuladores del sistema

En este contexto, las herramientas digitales emergen como un posible mecanismo de articulación. Más que sustituir intervenciones existentes, su valor radica en la posibilidad de integrarlas en un mismo entorno, facilitando el acceso, la coordinación y la escalabilidad.

Más que introducir nuevos instrumentos, su aporte radica en reorganizar los existentes. Frente a un ecosistema donde las respuestas operan de manera fragmentada, lo digital permite conectar lo que hoy funciona de forma aislada, haciendo posible que distintos componentes del proceso de inserción laboral interactúen de manera más fluida.

Esto supone un cambio relevante en la forma de abordar el problema. En lugar de intervenir barreras específicas de manera independiente, abre la posibilidad de estructurar soluciones que acompañen trayectorias completas de integración, articulando dimensiones que tradicionalmente han sido tratadas por separado.

Desde esta perspectiva, las plataformas digitales pueden entenderse como una infraestructura de articulación, no solo porque facilitan el acceso a información o servicios, sino porque permiten coordinar actores, ordenar procesos y reducir las fricciones que hoy limitan el impacto de las intervenciones existentes.

Esto plantea una agenda clara: no se trata únicamente de digitalizar servicios, sino de diseñar herramientas que integren. Es decir, soluciones capaces de conectar actores, alinear instrumentos y facilitar trayectorias sostenibles de inserción laboral para mujeres en movilidad. En un contexto marcado por la fragmentación, avanzar en esta dirección no es solo una oportunidad, sino una condición necesaria para responder de manera efectiva a la complejidad del fenómeno.

 

Referencias bibliográficas 

Organización Internacional para las Migraciones. (2025, marzo 8). Catalina: La resiliencia de una mujer en busca de un empleo formal en México. URL: https://mexico.iom.int/es/stories/catalina-la-resiliencia-de-una-mujer-en-busca-de-un-empleo-formal-en-mexico

Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (2024). Protocolo de atención para la integración laboral de personas en contexto de movilidad humana en México (Estrategia Abriendo Espacios del Servicio Nacional de Empleo). Gobierno de México.

Instituto para las Mujeres en la Migración. (2024). Insumos para una nueva agenda migratoria y de asilo en México 2024–2030.

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Lozano Ascencio, F., & Gandini, L. (2010). Migrantes calificados de América Latina y el Caribe: ¿Capacidades desaprovechadas? Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Universidad Nacional Autónoma de México.

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Organización Internacional para las Migraciones & ONU Mujeres. (2023).

Género, migración y tareas del cuidado: desafíos en América Latina y el Caribe.

Ávila Sánchez, M. de J., & Jáuregui Díaz, J. A. (2021). Interseccionalidad y desigualdad étnica en el mercado laboral de la Zona Metropolitana de Monterrey. Intersticios Sociales, (22), 207–235.

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Casa Refugiados. (s. f.). Casa Refugiados: Integración de personas refugiadas en México. Recuperado el 20 de marzo de 2026, de https://www.casarefugiados.org/

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